Bitcoin y el final del estado-nación – I

Poca gente se detiene a examinar la similitud entre las estructuras familiares y las socio-políticas, y por eso no acaban de comprender la política, ni la economía. No entienden que la gente no puede ni quiere razonar acerca del uso del poder porque en su familia nunca se razonó acerca del uso de un poder aún mayor: el de los padres sobre los hijos.

La reciente decisión del gobierno ecuatoriano de prohibir Bitcoin y lanzar su propia moneda digital habla volúmenes, por ser tan diferente de lo que el resto de gobiernos del mundo vienen haciendo. Es algo tan inocente y revelador que merece la pena analizarlo, y usarlo como modelo para explicar lo que pasará tras el proceso de bitcoinización del mundo. Veamos primero la estupidez y confesión central que subyace a esto.

Tratar de evitar la irrupción de Bitcoin en la economía informal y no bancarizada del país, mediante la creación y promoción de una moneda digital del gobierno, es como iniciar a un niño en la informática comprándole una computadora de goma. El padre en el fondo sabe que el niño quiere – como él – aquello que es auténtico y mejor; crea necesidad en él, y usa su superioridad física para mantenerlo deseoso y dependiente. Es la estrategia típica de los padres, que al no poseer virtud, tienen que recurrir a demandar ser “amados” aprovechándose de la situación de indefensión del niño, en la que ellos mismos le han puesto.

Esto, por supuesto, no es empresa fácil, pues existe competencia entre las familias, y basta con que los hijos del vecino tengan una mini-computadora electrónica para que exista cierta presión hacia subir el estándar. Los padres no quieren que se les descubra como tiranos que son por comparación con el vecino, así que deben hacer concesiones. Además, los padres sienten la necesidad compulsiva e inconsciente de repetir el abuso del niño y la resolución del conflicto resultante mediante la afirmación de su superioridad moral; así que también hacen concesiones de forma que tengan una “excusa” para usar su poder descomunal sobre él. Por su parte, el niño también provoca esta tendencia del padre, pues en eso radica su identificación como víctima, y su venganza emocional sobre sus padres o cuidadores – la venganza del esclavo.

Así son las dinámicas de apego, desde la escala padre-hijo hasta la de gobernante-ciudadano.

A Ecuador le va relativamente bien, si se le compara con otros países sudamericanos; en parte por haber abierto sus puertas al dólar tras la crisis bancaria de 1999. El dólar es una moneda más universal que el sucre, más estable, más útil, más valiosa, más práctica, más eficiente, más barata… ¿suena familiar esto? Papá “resolvió” el berrinche del niño comprándole una mini-computadora. Con ello renuncia a gran parte de su poder anterior (el monopolio monetario, ni más ni menos) y evidencia que este era un poder injusto; al tiempo que el niño se crece y gana independencia e influencia sobre su padre. Inconscientemente, también, le tienta con la idea de tener, finalmente, ¡una computadora de verdad!

No todos los países son tan blandos; como no todas las familias resuelven conflictos mediante tamañas abdicaciones de poder. La mayoría de los países desarrollados han tomado una aproximación característica de los modelos de familia que allí se ven: “Dejo al niño jugar; hago la vista gorda – porque sé que en el fondo soy igual que él”. Las variaciones regionales también se ajustan a este modelo – con matices derivados de su propio contexto práctico – de cómo los seres humanos aprenden, visceral e inconscientemente, a relacionarse con el poder; y de cómo este aprendizaje evoluciona generación tras generación – cosa que inevitablemente marca la historia de la casa/país:

  • EE UU, como capitalista nato, hasta reconoce el valor de Bitcoin y lo trata como una propiedad, pero dice que “debe ser regulado”

  • México no se da ni cuenta de que Bitcoin no es compatible con los gobiernos y hasta trata de hacer la cadena de bloques “legal” (!!), hiperactivo y cegado tanto por su dependencia práctica de los expatriados en EE UU como por las enchiladas de mamá

  • Para los europeos es “dinero de juguete” y debes “tener cuidado”, pero “si te pillo haciendo travesuras te castigaré”… En el norte, obediente y ordenado, no hace falta afirmar el poder; al contrario que en el sur donde, o bien se hacen los fuertes (‘Las autoridades fiscales españolas investigan el uso ilícito de Bitcoin’) o bien la gente pasa de ellos como en Grecia

  • Rusia y sus derivados, como no, prohíben Bitcoin de manera “explícita y rotunda”

  • En sitios como China, los padres patrios mantienen la figura externalizando sus necesidades y asustando al niño con fuegos artificiales y dragones raros…

 

Países como Ecuador, El Salvador, o Panamá, optan por la dolarización de sus economías, no porque tengan especial empatía hacia su prole, sino porque esta empatía se incrementa al tener a sus padres o hermanos mayores metidos en casa (léase EE UU en su caso). Aún así, esta pérdida de poder se puede compensar mediante impuestos y controles financieros varios; al igual que se puede dar algún que otro azote al hermano pequeño, o al gato, y así sentirse mejor…

Continuaremos saboreando esta jugosa hipocresía en la siguiente entrada, con una predicción de adónde se dirige esta comida familiar que es el mundo actual.