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Bitcoin no quiere “anónimos” (III)

Bitcoin no quiere descerebrados

La inteligencia es una facultad de los organismos conscientes, y los organismos conscientes necesariamente tienen una identidad1. Así que se entiende que una persona que se identifica con la falta de identidad está voluntariamente haciéndose una especie de autolobotomía, y labrándose un cerebro inmaduro e incapaz de la lógica más elemental.

De este tipo de cerebros vienen las críticas a la idea de que “Bitcoin no quiere anónimos” o, con mayor exactitud: “Bitcoin es un sistema que incentiva y refuerza la identidad de sus usuarios” (llamemos a esto proposición “I”, de “identidad”). Veamos algunas de ellas.

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Bitcoin no quiere “anónimos” (II)

La prueba de trabajo y el anonimato


Como hemos visto en la primera parte, la naturaleza de Bitcoin como moneda deflacionaria impone serias demandas sobre la integridad de sus usuarios; y dar la cara es un elemento importante de integridad, tanto personal como empresarial. Existe un fuerte incentivo económico-contable para que las operaciones monetarias sean hechas abiertamente, de manera proporcional a su importancia.

Bitcoin rechaza la idea del anonimato también por propia construcción. Contrariamente a lo que se piensa, Bitcoin no es un sistema anónimo. Algunos lo llaman “pseudo anónimo”, pero olvidan que el uso que se le da al software no es una característica inherente a este. ¿Acaso llamamos al dinero físico “pseudo anónimo”? Sigue leyendo

Bitcoin no quiere “anónimos” (I)

¿Cómo se sienten acerca del anonimato? Para mí es muy estresante, y no es el tipo de estrés con el que sacrificamos el presente para una paz futura. Cualquier esfuerzo en la dirección del anonimato parece encontrar una fuerza igual y en sentido contrario – quizás más newtoniana que gubernamental – que nos pone de golpe en el mismo sitio, con los cachetes al aire, y que confirma nuestra ineludible condición tanto en la economía como en la vida: queremos ser.

Uno no puede “querer ser” y “querer no ser” al mismo tiempo, como no puede tener derecho de propiedad sin tener una identidad, ni una identidad sin derecho de propiedad. No es difícil imaginar cómo la búsqueda de la muerte puede acabar consiguiéndonos la “vida eterna”; lo mismo pasa con el anonimato y las posesiones. Incluso si fueras un ente incorpóreo, te dedicarías a satisfacer tus necesidades, y tarde o temprano la sociedad te sacaría un perfil real como Google te saca una huella digital. Sigue leyendo